“ […] En cuanto al Templo de los Tigres. Para empezar, hubo choques culturales: nada de tirantes ni pantalones cortos, todos tuvimos que comprarnos camisetas y pantalones en las paraditas que tenían convenientemente instaladas en la entrada (¡qué casualidad…!).

Indignación en el Templo de los Tigres

El por qué lo pasé tan mal en el Templo de los Tigres

Nada más entrar, un monje pasea con un tigre, los visitantes les siguen. El personal te va cogiendo la cámara y te colocan detrás para sacarte fotos mientras acaricias el lomo del animal. Después, te conducen a un llano entre rocas dónde tienen a unos diez u once tigres adultos ‘dormidos’.

La verdad es que es bastante triste ver la cara de los tigres y sentir tan cerca la injusticia de tener a tan tremendo animal, una máquina biológica diseñada para la caza por sorpresa, expuesta cual trofeo de feria, en pésimas condiciones.

Ante tal fiera bestia tirada y drogada en los suelos del templo, mientras turistas inconscientes se fotografiaban detrás de los animales con amplias sonrisas plasmadas en sus rostros, no pude hacer más que llorar. No comprendía como no se daban cuenta de lo que estaba pasando ahí. Y, aunque no estuvieran drogados, es igual de intolerable el modificar su conducta natural de tal manera.

¿Tigres domésticos? No: gatos grandes con apariencia de fiera. Lo único que queda de ‘tigre’ en esos pobres animales es el patrón de rayas y la potencialidad de matar si se les permitiera. Ni se inmutaban cuando los tocabas, y su frecuencia respiratoria era demasiado elevada para un animal que duerme plácidamente (tal y como nos lo quieren vender).

Si preguntas poniendo el dedo en la yaga, saben muy bien qué contestarte. Mencionando palabras como ‘negocio’ o ‘invertir en la conservación de la especie en libertad’, responden que los fondos recaudados apenas son suficientes para mantener a todos los tigres, algo que dudo mucho que sea cierto, dada la afluencia de visitas y teniendo en cuenta que la gran mayoría son turistas, por lo que además del dinero de la entrada también recaudan el de las camisetas y pantalones. Y aquí es cuando me pregunto: si tanto les cuesta mantener la población -por llamarlo de alguna manera- presente de tigres, ¿por qué no reducir el número de individuos? Ah, ya, claro, entonces el negocio no funciona igual.

Las condiciones de bienestar animal son pésimas. El nivel de bienestar de un animal se mide por la satisfacción de todas y cada una de sus necesidades biológicas, fisiológicas y etológicas, no sólo las vitales. En este Templo, la única necesidad que se cubre es la humana. La necesidad de poder económico, o la del mero egoísmo de poder decir que hemos acariciado a un tigre y de tener una foto que lo demuestre.

Es triste ver como les estiran de la cola y les mueven la cabeza para ponerlos en la posición deseada, prueba de que los animales tienen la motilidad voluntaria alterada. Lo peor de todo es que también puedes pagar por ponerte la cabeza de uno de los tigres en las piernas y hacerte la correspondiente foto. Patético.

Los tigres no soportan nada bien el sol. Suelen pasar las horas del día de mayor insolación descansando entre la vegetación. A pesar de todo, aquí tenemos a este ejemplar, difícilmente dormido a voluntad.

El fotografiado con los adultos ‘adormilados’ es solo una de las tres actividades que ofrece el Templo. La segunda es lo que ellos llaman ‘Enriquecimiento y entrenamiento’.

Consiste en unos veinte o treinta tigres enjaulados en un espacio no más grande que el habilitado para los dos o tres ejemplares de tigre del Zoo de Barcelona, rodeados de tailandeses y demás personal voluntario, molestándolos con bolsas de basura hinchadas de aire, atadas al extremo de un palo de escoba, para que el animal ‘haga ejercicio’. Los tigres ignoran completamente este artefacto. Al final, tras insistir tres o cuatro veces, el animal se abalanza sobre la bolsa, la persigue y salta hacia ella para atraparla y morderla. Cuanto esto ocurre, el personal queda satisfecho de que el individuo al que estaban incordiando ‘ejercite’ su musculatura y ‘juegue’ con la bolsa.

Por último, la foto con el cachorro de tigre. Lo tienen atado y le obligan a hacerse fotos con los turistas hasta cuando está harto. En mi visita, el monje tuvo que detener la actividad dos veces porque el cachorro no quería más turistas, quería irse. Cuando yo llegué, me acerqué a él cautelosamente para tratar de tranquilizarlo y creo que más o menos funcionó. Me dio incluso la impresión que me miró como extrañado de que no me sentara junto a él a posar. Lo que menos me preocupaba eran las fotos. Estaba más pendiente de captar cada uno de sus movimientos para extraer mis propias conclusiones. Más tarde, volvió a estresarse y lo sacaron fuera del recinto vallado. Allí, atado a un árbol y descansando sobre una roca, pude jugar con él.

Muy a mi pesar, he contribuido a este negocio con el dinero de mi entrada, pero era algo que quería contemplar con mis propios ojos para poder juzgar yo misma y criticar con conocimiento de causa.

He cumplido uno de mis sueños más deseados de la infancia: tener contacto con tigres y jugar con un cachorro. Pero ¿a qué precio? ¿Al precio de una modificación de la conducta llevada al límite mediante presión, obligación y muy probablemente, medicación?

Sin duda, la visita al templo ha sido lo peor de mi paso por Tailandia.

 

Khao Sam Roi Yod, 7 de abril de 2555 ”

Diario de viaje – fragmento

(7/4/2012)

    

 

ACTUALIZACIÓN

El Templo de los Tigres de Tailandia fue cerrado en 2015 por no tener los permisos adecuados para mantener a Tigres en cautividad en condiciones mínimas de bienestar animal.

En 2016 ha sido acusado de vender los tigres que les “sobraban” en el mercado negro. Un veterinario del centro se presentó a las autoridades con los microchips de unos tigres que según el registro oficial debían estar en el centro. ¿Dónde estaban éstos tigres? Una redada posterior descubrió partes de cuerpo de tigres en los congeladores del centro.

Lorena Cárdenas
Dime ¡Hola!

Lorena Cárdenas

Soy una bióloga revolucionaria amante de lo salvaje con un don un poco inusual: se me da bien vender. Utilizo el comportamiento animal para entender exactamente qué decir (y cómo) para hacerme escuchar. Mi misión es entender el mundo para crear Impacto y construir el Planeta con el que soñamos. ¡¡La revolución ética HA EMPEZADO!!
Lorena Cárdenas
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